“La Tercera” de hoy publica un artículo sobre el impacto que tienen los recreos o espacios libres sobre los aprendizajes que se pueden desarrollar en niños y adolescentes.
Una de las fuentes de dicho artículo es el estudio realizado por la Doctora Romina Mariel Barros, del Albert Einstein College of Medicine de la Yeshiva University, “School recess and group classroom behavior”. El estudio se realizó con una población de más de once mil niños y niñas entre 8 y 9 años de edad, pertenecientes al tercer grado de educación primaria, estableciendo dos grupos de trabajo: aquellos niños que tenían detenciones de quince minutos cada tres cuarto de hora y aquellos niños que tenían menos de quince minutos en el mismo lapsus de tiempo.
Los resultados de dicho estudio se midieron a través de pruebas estandarizadas. Resultados: los niños que contaron con intervalos de quince minutos cada cuarenta y cinco obtuvieron mejores resultados.
En el mismo artículo se señala algo que sabemos con claridad, los tiempos de atención y retención por parte de nuestros estudiantes están dados por ciclos que van entre treinta y cuarenta y cinco minutos. No más. Es decir, en nuestro sistema educacional donde las clases tienen una duración de dos horas pedagógicas, es decir noventa minutos cronológicos, producto de los procesos que realiza el cerebro y el cuerpo de cada estudiante sólo es posible aprovechar al máximo los primeros instantes de dicho tiempo, por una simple cuestión de naturaleza humana. Después de esos primeros cuarenta y cinco minutos la concentración baja como también la capacidad de retención. Piense en usted mismo, en cuantas charlas o ponencias que ha asistido después de tres cuartos de hora su capacidad de retener y procesar la información que está recibiendo comienza a disminuir.
Los países que tiene mejores resultados en pruebas estandarizadas a nivel mundial, PISA por ejemplo, cuentan con estos espacios libres de quince minutos cada una hora pedagógica, lo que trae aparejado además una serie de beneficios adicionales asociados a los niveles de socialización, de mejoramiento emocional y de mejora de la disposición anímica frente al aprendizaje.
¿Se da cuenta lo sencillo que es comenzar a mejorar nuestra educación? No se requieren grandes inversiones en infraestructuras en este caso, sino que asumir con naturalidad la propia dinámica del ser humano y su naturaleza, es decir colocar la educación al servicio de las personas que la reciben y no al contrario.
Quizás sería este un primer y gran desafío para un nuevo gobierno de la Concertación como esencia del diseño de una política progresista y que busque mejorar la calidad de la educación, el establecer una forma de distribución de las horas de clases donde cada tres cuarto de hora existan quince minutos de esparcimiento y de recreo. Está claro, y así lo dicen los estudios internaciones y los resultados de países que nos llevan camino en estas materias cuales serían los resultados.
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